El ponent d’avui és un gran articulista. Exemple 1

EL TELESCOPIO Ahora los catalanes nos cuentan la guerra

ROMAN PIÑA HOMS

La Cataluña hoy oficial, que nunca llegará a contarnos ni a contarse a sí misma la verdad de su guerra, no ya la del Carmel, sino la civil del 36, ahora parece dispuesta a contarnos la nuestra, o sea la de los mallorquines en los aciagos días del desembarco de las llamadas hordas rojas para los unos, o fieles a la legalidad republicana para los otros. Pienso que ambas acepciones son correctas aunque parezcan incompatibles. Está claro que nosotros nunca nos atreveríamos a meter las narices en los avatares de su guerra, al menos desde una televisión institucional, pero ellos sí, puesto que andan empeñados en que formemos parte de su pasado y naturalmente de su futuro.

Que su pasado lo tergiversan es más que evidente. Hace pocos días Carod Rovira nos anticipaba que su europeidad -la de los catalanes- estaba fuera de dudas, puesto que como país carolingio habían participado en la génesis de Europa. Bien, algo de razón tenía el profesor Carot, pero obviando que por entonces -el año 800- lo que llama Cataluña se denominaba Marca Hispánica y sus habitantes, para distinguirlos de los francos, o sea los dominadores, se llamaban hispanis, constituyendo su territorio de frontera apenas la cuarta parte de la Cataluña del hoy. Lo mismo nos hacen con la historia actual y sobre todo con la guerra del 36. Nada de un Companys golpista encarcelado por la legalidad republicana e indultado por el Frente Popular. Esto es una minucia que no tiene por qué empañar su limpísima trayectoria. Y nada de una Cataluña barrida por el caos anarquista y la represión más brutal, como la que se impuso a partir del Golpe Militar del 18 de Julio. Esto lo saben miles de catalanes de más de sesenta años, pero se piensa que las nuevas generaciones, con su constante lavado de memoria histórica lo olviden para siempre. Estrategias de la izquierda, que en esto siempre le dará mil vueltas a la derecha.

Yo conocí las historias barcelonesas de la Guerra Civil. Allí sufrieron mis abuelos paternos y maternos toda la guerra, mientras mis padres habían quedado en Palma por aquello de marchar de vacaciones; unas vacaciones de más de tres años. De mis abuelos conocí en directo su desespero y sufrimiento, siempre pendientes de terminar en una checa, por ser católicos y gente de orden. Y de mis abuelos supe lo que significó la llamada liberación de Barcelona, con la pequeña burguesía, que no era poca, lanzada delirante a la calle. Hace poco, el librero Manuel Ripoll me ponía al corriente, gracias a un estudio que está realizando, de la vida y milagros de un catalán ilustre: Angel Aguiló, hijo del mallorquín Mariano Aguiló, Patriarca de la Reneixença y primo hermano de mi abuelo paterno. De nada le sirvió al ilustre personaje su catalanismo político. Como tantos otros conciudadanos suyos, sería expedientado y expulsado de su cargo de bibliotecario de la Universidad, no ya por fascista, que jamás lo fue, sino por sus conocidas convicciones religiosas, y salvaría por los pelos su propia piel, arreando como pudo entre el caos de aquellos años. Que lo anote el monje de Monserrat si me lee, junto a la lista del milenar de sacerdotes catalanes asesinados durante el evento.

Por lo que veo, yo no soy el único mallorquín de abuelos barceloneses que se escandaliza de la nueva verdad del régimen catalán de hoy. Mi querida Carmen Riera, que se juega mucho más que yo, también ha denunciado públicamente el asunto. Sus abuelos maternos, barceloneses y por cierto íntimos amigos de los míos, le debieron contar cosas un tanto parecidas de su tremendo padecimiento durante la Guerra Civil. De ahí que la ilustre novelista, que siempre ha marchado con la verdad por delante, termine denunciando públicamente algo tan obvio como que la derecha catalana, por catalanista que fuese, recibió con entusiasmo la nueva legalidad franquista, y junto a ella permaneció con un cheque en blanco durante varios lustros. Yo, que viví en Barcelona la postguerra, solía acudir con mi familia a ver el desfile anual de La Victoria. Un impresionante gentío aplaudía delirante el paso de las tropas. Y siempre recordaré mi asombro de niño, al descubrir que al paso de la Guardia Civil los aplausos se tornaban en pitidos. Cosas también de memoria histórica, que mi mente infantil desconocía.

Pues bien, hoy los catalanes no solo tergiversan su memoria, sino que además tratan de manipular la nuestra. Por lo visto el pasado miércoles Canal 33 nos analizaba en Zona Roja el triunfo de los fascistas durante la Guerra Civil en Mallorca. No contemplé el documental, pero por lo que he podido leer en la prensa, se puso especial énfasis en «la gente encerrada en las prisiones, escondidos o intentando escapar, manteniendo el espíritu y los ideales republicanos». Bien, señores catalanes, nadie negará que hubo represión y “paseíllos” por parte de los insurgentes, pero también nadie de más de setenta años, puede hoy olvidar el terror con que se recibió el desembarco republicano del Capitán Bayo con sus huestes, en su mayoría procedentes de los sectores más radicalizados del anarquismo barcelonés del Paralelo y sus aledaños. Llegaron a la isla en un momento de total desconcierto, y se marcharon después de haber tenido el triunfo casi en sus manos, tras haber perdido horas preciosísimas en el saqueo de Manacor y su comarca. Por cierto, los aviones italianos que acudieron días después, se pagaron con las alhajas de miles y miles de mallorquines.

Recuerdo aún el nombre del piloto que las trasladó a Italia, fundidas en lingotes. Se llamaba Juan Crespí y pude tratarle a finales de los años sesenta, cuando era por entonces vicepresidente de la Diputación. En fin, el gran error de los republicanos estuvo en que olvidaban, como lo olvidan hoy los conformadores de la opinión pública catalana, que la payesía mallorquina, formada en gran parte por pequeños propietarios, era conservadora, como conservadora era Palma, una de las poquísimas capitales de provincia que no votó por los republicanos en las elecciones del 31. Las cosas fueron así. Cómo se fraguarán en un futuro, no lo sabemos, pero, por favor, que no nos tergiversen la historia.

http://www.elmundo-eldiadebaleares.es. Lunes, 7 de marzo de 2005

Idò això: no ens tergiversin la història!

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